jueves, 13 de junio de 2013

Implicaciones de la obtención y aprovechamiento de la energía en las actividades humanas

La utilización de la energía ha mejorado la "habitabilidad" en las ciudades al aumentar el nivel de confort por medio de la calefacción y de la iluminación, al posibilitar ciertas transformaciones físico-químicas como el cocinar, la obtención de metales y el cocido de materiales cerámicos y vítreos, o al incrementar el rendimiento de nuestro esfuerzo muscular por medio de motores aplicados a máquinas o a vehículos. Junto a ello se han originado unos efectos indeseados -y a menudo desconocidos y minimizados- que están afectando seriamente a la sostenibilidad del modo de uso de la energía.
La forma como utilizamos la energía también afecta las posibilidades de mantener un desarrollo de nuestra sociedad. Si consumimos demasiado poca energía, deberemos consumir demasiado esfuerzo para cubrir las necesidades básicas, y no podremos dedicar el esfuerzo necesario para desarrollarnos. Pero si consumimos demasiada energía, el coste (monetario, ambiental o de recursos) de este excesivo consumo nos obligará a dedicarle un esfuerzo adicional que no podremos orientar hacia el desarrollo que perseguimos.
Las formas de energía que se han utilizado para las actividades básicas desarrolladas en el medio urbano de nuestro entorno han ido evolucionando con el tiempo. El cocinar -que se hizo casi exclusivamente con leña durante muchos siglos- se ha ido realizando además con carbón en ciertos lugares (en fogones abiertos, en hornos y en cocinas "económicas"), con petróleo, gas (ciudad obtenido a partir del carbón, la leña o el petróleo, o butano y natural en tiempos más modernos) o electricidad en nuestras tierras, pero también se ha empleado estiércol o los rayos solares en otras culturas.
La calefacción se ha conseguido con leña (en chimeneas o diversos tipos de estufas), carbón, petróleo, gas y electricidad, pero también con residuos como el serrín (en estufas), la paja (en los purgatorios, conducciones de aire caliente bajo el suelo), el orujo (en los braseros) o la energía solar ya sea con sistemas pasivos, activos o mixtos.
Para la iluminación se han utilizado aceites, grasas, carburos, ceras, petróleo, gas y electricidad de la red o fotovoltaica. Ciertas actividades mecánicas -como la molienda del grano de los cereales- se han efectuado además de manualmente, por medio de animales, de ruedas hidráulicas o de molinos de viento por lo que es frecuente aún hoy encontrar calles y plazas con nombres que lo recuerdan (del molino, de las muelas, de la acequia).

El suministro de agua a las ciudades se ha conseguido por medio de la gravedad (canalizaciones), por medio de ruedas hidráulicas movidas por los ríos y las mareas, o por medio de bombas accionadas por vapor, gas o electricidad.
Para el transporte colectivo de personas o de mercancías se utilizaron animales de tiro durante siglos,seguidos de vehículos propulsados por motores de vapor (a carbón), por motores eléctricos (a partir de pilas al principio y de baterías posteriormente, o alimentados por cables externos como en metros, tranvías y trolebuses), de gas (natural, licuados del petróleo, u obtenidos por la pirólisis de residuos vegetales como las cáscaras de almendra en los llamados "gasógenos"), o tirados por cables (como los funiculares y el famoso tranvía de San Francisco).
Como puede verse, no hay un determinismo tecnológico respecto a las fuentes y técnicas a utilizar. Las situaciones actuales son producto de las decisiones tomadas a lo largo de la historia en cuanto el tipo y la calidad de las prestaciones, los costes económicos directos y "externos", la salubridad, la contaminación y la asignación de los recursos energéticos entre otros factores.
A título de ejemplo, citemos diversos casos de prohibición de ciertas fuentes en ciudades a lo largo de la historia. En Inglaterra la hulla fue prohibida por los problemas sanitarios causados por el humo que producía, y la leña lo fue por la prioridad que tenía para la marina mercante. El carbón y otros combustibles sólidos similares en París se prohibieron por el problema que originaban las cenizas en las basuras. En situaciones de contaminación demasiado elevada, se prohíben ciertos tipos de combustibles en muchas ciudades. En España los vehículos particulares no pueden utilizar los GLP como lo hacen ciertos vehículos públicos. Lo curioso es que en los domicilios particulares podemos almacenar bombonas con GLP pero no la gasolina que almacenamos en los vehículos particulares.


                                    

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